A QUIEN LE COMPETE EDUCAR?
Preguntas como: ¿A quién le corresponde educar? ¿Quién es, ante todo, responsable de la educación de los niños y jóvenes? , ¿Qué es “educar”? rondan en el entorno, en la familia y en el estado. Preguntas que van encontrando respuesta en la naturaleza humana.
Educar es uno de los caminos para alcanzar el desarrollo pleno de la persona humana y va más allá de la mera transmisión del saber y de conocimientos. Es la modelación de la personalidad, la transmisión de un modo de comprender al mundo, a la vida y a las personas. La educación debe estar encaminada a formar integralmente a la persona humana, ayudando a lograr en ella a través de valores fundamentales y experiencias de vida, el desarrollo armónico y jerarquizado de todos los componentes de la personalidad, de todas las facultades y capacidades de la persona. Esta misión de formar personas compete primeramente a los padres de familia, son ellos los primeros y principales educadores de sus hijos, pues la tarea del padre y de la madre es ayudar, guiar y acompañar al hijo a que se desarrolle hasta la plenitud. Su tarea comienza con la concepción de este hijo y su labor se prolonga durante toda la vida. Ellos, que han dado la vida a los hijos y establecen con ellos una relación única de amor, son quienes están en condiciones, en el deber y en la responsabilidad de transmitir la educación a los hijos.
El menor llega al seno de la familia con unas capacidades y talentos, en potencia, que sólo a través de la relación personal con los seres que le rodean y con la ayuda de otros, podrán ir encontrando un desarrollo. En la familia, se da esa comunicación directa con la persona, y por medio de esa relación, se van transmitiendo los valores, la cultura y la educación. Así pues, la educación no puede entenderse como un mero “aprender”, sino que es un “aprender a vivir a partir de otros seres humanos”, en esa convivencia diaria. La educación de la sexualidad forma parte de la formación para la vida, al educar la afectividad, los sentimientos y las emociones; hacia el respeto y el conocimiento propio y ajeno, y apoyándose en la necesaria e imprescindible comunicación padres e hijos que se establece desde las primeras experiencias en el seno familiar. Las instituciones educativas, con su quehacer profesional deben ayudar a los padres en la educación de sus hijos, pues ellos confían entregándoles parte de su derecho educativo y éstas por su parte deben asumirlo, entendiendo que son la prolongación del hogar en la formación de los menores. Para ello, padres, rectores y profesores deben estar coordinados en el proyecto y finalidad de la tarea educativa. El Estado, por su parte, es un colaborador subsidiario de la familia y tiene como deber fundamental el garantizar el acceso a la educación a todos y el apoyar a los padres a generar, mediante la educación y el ejemplo, los auténticos valores éticos y morales que dignifiquen a la persona humana. Nunca será función ni derecho del estado, so pena de caer en el totalitarismo, el determinar los contenidos educativos; sino por el contrario debe permitir que sean los padres junto con la comunidad educativa quienes los definan y construyan por sí mismos.
Solo en un trabajo mancomunado entre padres, educadores y estado, buscando un mismo fin y unos mismos objetivos, en el respeto de los derechos de nuestros menores y en el sano desarrollo integral, generaran jóvenes estables y responsables que sustentaran y consolidaran en el progreso de una sociedad y un país.
Me puse en la tarea de divulgar estos documentos, entre mis amigos de la red y mi entorno
gracis, a DIOS tenemos que hablar o nos comen vivos.